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La presentación de la Escuela en llamas fue un diálogo cercano y profundo sobre educación, belleza y humanidad
La presentación de la Escuela en llamas fue un diálogo cercano y profundo sobre educación, belleza y humanidad
Fernando Donaire reivindica una pastoral cocida a fuego lento
Un diálogo poético y, en cierto sentido espiritual, entre amigos, creyentes y apasionados por la educación. Así fue la presentación del libro La escuela en llamas del carmelita descalzo Fernando Donaire que se celebró ayer tarde en el espacio O’Lumen de Madrid.
La periodista y responsable de asesoría institucional de la Fundación Edelvives, Mª Ángeles Romero, comenzó alabando el libro por su lectura fácil y por la valentía, pasión y amenidad con la que el autor afronta en él variados temas, mucho más allá de la educación y la pastoral.
El autor explicó las razones del título, en cierta manera incendiario o provocador. El volumen, como explicó Fernando “más allá de un ensayo es una reflexión mucho más abierta” y no tiene por qué ser leído únicamente por el nicho de personas de la escuela concertada. El título se refiere a “La llama del amor místico, que nace del interior como metáfora de lo que tienen que ser los valores en la escuela”.
¿Está la actual escuela actual ardiendo por la crisis del sistema o lo que necesitamos es encender la llama interna? Preguntó la conductora. Las ponentes confirmaron que sí, que la escuela actual está en llamas, porque todo el mundo está descontento. Pero, para Beatriz Álvarez de Rivera, docente formadora y directora del colegio mayor Santa María del Pino, justo por eso “Es un momento y oportunidad maravillosa para reinventar la escuela (…) Creo que hay una parte importante de crisis y de oportunidad”. Y, asimismo, considero que “no puedo entender una escuela que no arda en su interior, porque trabajamos con personas. No puedo entender un profe que no traslade pasión por aprender”.
La cantautora y responsable de pastoral en ESO, del colegio Ntra. Sra. Del Recuerdo, Maite López, reconoció que el libro le ha ayudado a “poner más fuego”, le ha descubierto “razones para seguir avivándolo” y ayuda para ir a lo esencial porque, para ella “leer el libro es como volverse fósforo”. Su título le remite a ese fuego de los místicos, de su experiencia de Dios. Para ella también hay mucho descontento, malestar y tensión en la escuela, pero tuvo palabras de esperanza porque considera que “en las escuelas, la católica y la pública, hay ese fuego que no se apaga, que necesitamos, eso que da calor a la escuela”, que la convierte en hogar.
Y como en los hogares, este libro reivindica una pastoral cocida a fuego lento, que vaya más despacio y se centre en sembrar y esperar. Y lo hace con ejemplos muy variados y cambiantes de la cultura popular (series, películas, ensayos, novelas) que sirven para enganchar al lector. Porque el autor confesó que, como docente de religión de bachillerato, tuvo que ir cambiando sus referencias culturales en clase, para adaptarse a los cambios de las distintas generaciones de alumnos que educó. Para Donaire, la cultura es fuente de sabiduría: “En mi vida y vocación no puedo separar la cultura como fuente, junto con espiritualidad y carisma, como líquido amniótico en el que me muevo”.
A lo largo del encuentro el diálogo de la presentación también versó sobre reivindicar la pasión por la educación, el concepto de la belleza y cómo frenar esa inercia hacia la hiperactividad para devolver a la persona en el centro de la escuela. Se apostó por la atención a los detalles y cosas importantes, cuidar as personas, mirar a los ojos a compañeros y alumnos, “hacer pasillo” junto a los alumnos/as y también priorizar y no siempre dejarse llevar por lo urgente frente a lo importante. También se debatió sobre la importancia de los liderazgos en los equipos directivos y la falta de comunicación de la escuela con las familias.
Como cierre, los asistentes vieron la escena final de la película “Quo Vadis Aída?” donde una profesora de educación infantil educa en medio de la tensión que supone aunar a víctimas y victimarios de la masacre de Srebrenica en una misma aula y salón escolar. Una sociedad fragmentada con pasado traumático donde la escuela lo que debe hacer es crear futuro.
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